abril 10, 2015

The Hawks, disco a disco: Stage Fright (1970).

Stage Fright fue finalmente el título elegido por The Band para poner mombre a su tercera colección de canciones de estudio. Un título certero, sin duda y no porque el ‘miedo escénico’ fuese un elemento sustancialmente preocupante para una banda curtida en tablas; sino porque simbolizaba exactamente el estado de cosas que la banda vivía tras la publicación de su segundo trabajo, The Band. La cuestión era enfatizar sobre ello, describir someramente -como lo hace de hecho el tema homónimo del álbum- los sentimientos que afloran en un chico modesto que se coloca ante los focos.

La situación era bien diferente a cuando por primera vez se habían encerrado en el sótano de The Big Pink para enfrentarse a la composición de nuevos temas; ahora, el éxito estaba desplegando sus primeros efectos colaterales: el temor individual hacia los egos ajenos y la manera en que individualmente afectaba el reconocimiento en la relación interpersonal en el grupo. De hecho ya había empezado a hacer sus pequeños estragos; Helm, Manuel y Danko habían entrado en la espiral del consumo de drogas y a nivel compositivo el individualismo estaba haciendo mella a en la disciplina de la banda, focalizado en la controversia entre Robertson/Manuel por el protagonismo individual.

Tras el éxito abrumador del festival de Woodstock, The Band querían congratularse con la pequeña localidad que había adquirido eternamente una significación especial para el rock and roll y que les había visto nacer como banda. La mejor forma de hacerlo era grabar el nuevo material sobre el escenario del pequeño teatro local -The Woodstock Playhouse- ante una pequeña audiencia y, aunque el álbum se terminaría registrando en directo en dicho recinto, finalmente fue descartada la presencia de publico por el temor local de que el evento desatara una hecatombe de público, de características proporcionales a la producida por el festival celebrado el año anterior.


Stage Fright vería finalmente la luz en julio de 1970, en su mayor parte con el enfoque personal de un productor muy del momento, Glynn Johns; conservándose las mezclas realizadas para The Rumor y All La Glory, por Todd Rundgren, quien había sido elegido como productor en primera instancia por Robbie Robertson y con quién habían surgido diferencias sustanciales en el enfoque de los temas.

Pese a la contraposición implícita de sensaciones en Stage Fright, nada tiene que envidiar a sus predecesores, aunque se evidencie una perdida del aroma rural en los temas, fundamentalmente lírica. Abre a ritmo de rhythm’ blues, con aroma orleanniano y sabor de zydeco con Strawberry Wine; invita a la armonía y la paz interior en los medios tiempos con Sleeping; cautiva la frescura, con el honky tonk de los pianos y el rugido de guitarras, en Time To Kill mientras desgrana paso a paso el ideario hippie e ilustra sobre la repercusión de la fama en los lazos afectivos en la hilarante Stage Fright, en la que Robbie Robertson desnuda abiertamente sus dudas y temores.

Stage Fright abre el abanico temático de The Band para ahondar argumentalmente en las relaciones entre personas, perseverando en su línea musical, esa de la que forman parte las estampas típicas de la cultura popular norteamericana.

3 comentarios :

Addison de Witt dijo...

Este tercer disco, cuya gestación has relatado tan bien, pierde como dices tono campestre y gana en solidez, pero mantiene la calidad en las composiciones, a partir de aquí todo cambiará y sin dejar de ser una banda indiscutible se observará una vida como tal un poco a la deriva.
Un abrazo.

Gonzalo Aróstegui Lasarte dijo...

La categoría de vanguardia fabricada con materiales pretéritos que tenían los dos primeros discos mengua en "Stage Fright", pero como las canciones que contiene son maravillosas tampoco importa mucho. O eso es lo que pienso.

Un abrazo, Aurelio.

Aurelio dijo...

Donde más se evidenciará eso, Addi, sin duda es en Moondog Matinee; pero eso es otra historia...

Que hay un salto cualitativo importante de The Band a Stage Fright, Gonzalo, pero hay temas fantásticos en él, como el propio Stage Fright o Time To Kill.

Un abrazo a los dos, amigos.

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