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noviembre 09, 2015

Observando furtivamente el lado oscuro.

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Cacofonías, sonidos guturales, voces del ultratumba y otras onomatopeyas sonoras que dibujan ambientes de quietud nocturna, intentando recrear la vertiente más oscura del ser humano. Ni más ni menos, los ingredientes que brillan exacerbadamente en un estilo como el hillbilly, son los que forman parte del hilo argumental de la segunda parte de esta bilogía que lleva por titulo Ghost to a Ghost/Gutter Town, que solo queda diluido en ocasiones puntuales mientras resuenan los ecos de un acordeón o el tarareo de un estribillo cantado.

A la publicación de Ghost to a Ghost, Shelton Hank Williams había roto definitivamente su relación contractual con Curb Records, una relación tortuosa dónde las haya, en la que las tijeras del censor habían pasado en numerosas ocasiones a través el fruto de su creación musical. Que mejor manera de simbolizar esta ruptura que volver a los orígenes, que retomar la esencia depositada en álbumes como Straight To Hell y, de paso, reivindicar la libertad de expresión y creación, recreándose en la vertiente más canalla del country, esa en la que se siente tan a gusto y con la que marca diferencias con respecto a los demás integrantes de la saga familiar a la que pertenece. 

Aunque la segunda parte del álbum sea en su mayor parte prescindible, salvo que te encuentres entre los más fieles del músico de Nashville, Ghost to a Ghost no deja de ser un álbum suculento y brillante, en el que se continua notando la presteza instrumental y a los controles de Andy Gibson, en el que deslumbran las colaboraciones y/o aportaciones musicales de Ray Lawrence – Ray Lawrence Jr. -, de Les Claypool –The Devils Movin In- e incluso la participación tangencial a las voces de Tom Waits al final de los últimos versos del álbum –Ghost to a Ghost-, y en el que se tienden puentes que acercan aún más las puertas de la próxima Nueva Orleans, con los sonidos cajun del acordeón de Rory Hoffman; un elemento nuevo en la urdimbre sobre la que se teje la música de Hank3.

Ghost to a Ghost es otra una buena excusa para romper con los reparos que rodean a un género como el country, poco entendido en nuestro país y en el que, curiosamente, tenemos espléndidos representantes. Aunque alguna multinacional no dudarían en colocarle el cartelito de ‘no apto para todos los públicos’, Ghost to a Ghost es plenamente recomendable para todos los públicos, gustos y paladares, sobre todo si estas dispuesto a empaparte de la esencia más outlaw de la música de Nashville.

mayo 05, 2014

Ramblin' Man (2014).

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Supongo que Shelton III estará exudando maleficios y verbalizando maldiciones al comprobar una vez más como una compañía discográfica, Curb Records para el caso que nos ocupa, sigue espoliando su cancionero con fines exclusivamente comerciales haciendo uso excesivo del derecho que le ha sido concedido por Cortes y Tribunales de Justicia; aunque tras tal vilipendio pudiese conservar la calma suficiente para reflexionar y adivinar que los catadores del hillbilly más canalla son lo suficiente inteligentes como para saber cuando están en presencia de agravios y tretas de naturaleza altamente cuestionable.

No se si Ramblin’ Man será capaz de captar algún despistado, pues últimamente creo que este género de público escasea, incluso entre los seguidores del cantautor de Nashville, y más desde que su trayectoria musical entró en una extraña espiral que impulso a que su camino se desviase hacia derroteros en los que el country alterna e, incluso, se mezcla con el doom y el heavy metal más opaco, y que no ha generado otra cosa que indiferencia entre los fans, quienes a duras penas van consiguiendo salir de la decepción producida por la escucha de trabajos anteriores de nula significación, tras acercarse a Brothers of 4 x 4.

De Ramblin’ Man tengo que decir que lo que más profundamente me atrajo at first feel son las magnificas ilustraciones de cubierta y contracubierta, ambas realizadas con los lapiceros de color del artista gráfico Keith Neltner -quién también hizo un trabajo notable en la anterior entrega de la misma categoría que éste de titulo Long Gone Daddy, y al que pondría en contacto inmediato con el músico, pues sincroniza perfectamente con la iconografía que Hank III transmite  con música y actitud -; porque en lo referente a contenidos musicales pocas o ninguna son las sorpresas.

La tercera toma en disco de la archiconocida On My Own alterna con temas que debieron formar parte del material de desecho del álbum con el que Shelton cumplió su contrato con Curb, Hillbilly Joker, como Runnin’ & Gunnin’  y que invitan a salir corriendo para pinchar con urgencia Rissin’ Outlaw en un intento de exorcizar los demonios de la decepción. Poco se salva de la quema, como cabría esperar tratándose de descartes, salvo la versión del clásico de ZZTop Fearless Boggie, que muestra a un Hank III en su versión más rockera o el cover del clásico de Johnny Paycheck The Only Hell (My Momma Ever Raised).

A la espera de nuevas noticias sobre Hank III y sobre el nuevo material que parece estar preparando para el 2014, que dicho de paso esperemos nos haga recuperar las buenas sensaciones, nos quedaremos revisitando el viejo repertorio; pues aunque yo no aconseje, como su autor, pegarle fuego a este tipo de grabaciones tampoco creo que la ocasión invite a pasar por la disquería.

diciembre 31, 2012

Feliz Año!!!

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En un día como hoy, de prisas, carreras y preparativos, la tensión, incluso la emoción se palpa en el ambiente, esperando que las agujas del reloj marquen las 12 de la noche, para disponernos a despedir el año con melancolía y recibir el nuevo con esperanza.

Melancolía no sólo por quienes dejamos atrás en este camino incierto que es la vida, sino por los momentos de felicidad vividos los 365 días pasados que esperamos se vuelvan a repetir, e incluso se multipliquen, en los próximos 365 que vamos a estrenar.

Esperanza de que, en el transcurso de los segundos, los minutos y las horas de los nuevos días que han de venir, termine la maldita crisis que se ha posicionado en el horizonte y que, como una borrasca continua, deja chubascos de desasosiego, desesperación, tristeza y sufrimiento para nuestros amigos, familiares, conocidos y vecinos. Esperanza en que después de la lluvia, escampe y salga, de una santa vez, el sol para todos.

Las canciones que me han acompañado, las nuevas y las clásicas, siguen dibujando sobre mi ánimo un arco iris de colores infinitos, que me motiva y me inspira para seguir escribiendo renglones y renglones con el único objeto de compartir sensaciones. A menos, espero que el próximo año, el que tenemos a las puertas, sea tan bueno en ese sentido como lo ha sido 2012, y que podamos seguir disfrutando, en la misma o mayor medida, de ese manjar tan enriquecedor del espíritu que es, sin duda, el rock and roll.

Lo que espero con mayor anhelo es que 2013 traiga el bien más importante de todos: salud. Salud para todos, para familiares y para amigos, entre los que, por supuesto, contáis los que formáis parte de éste circulo de blogeros, del que me siento integrante y con el que cada día me ilustro y aprendo cosas nuevas sobre ese placer que tanto me hace disfrutar: la música.

El tema que dejo aquí abajo, quizás seas un poco el reflejo del sabor que me dejan éstas fechas, pero está fabricado con materiales de primera calidad, 'el bolígrafo' de Springsteen y la voz de Hank III.


Lo dicho, salud y un abrazo para todos. Feliz Año.

abril 16, 2012

Straight to Hell.

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Tengo estos barrotes de Luisiana
que me tienen encadenado de por vida,
tengo una deuda de 99 años por disparar a mi mujer…
Basta con escuchar la primera estrofa de Lousiana Stripes para conocer cual es la imaginería general de los textos sobre los que se construye la música de Sheldon Hank Williams. Si quisiésemos establecer una relación a nivel comparativo dentro de la estirpe de los Williams, para situar a Hank III, podríamos decir que su música recoge fielmente la esencia tradicional americana, aspecto éste que nadie representa mejor que su abuelo, Hank Williams (a secas); si bien la temática de sus canciones está más próxima a la esencia del rock and roll, mejor representada por su padre, Hank Williams Jr.

No se si otros hubiesen elegido para entrar a fondo en la obra e idiosincrasia de Hank III Straight to Hell , habiendo en su discografía otras piezas quizás más notables o mayores como Ghost to Ghost o Risin’ Outlaw, aunque, por lo que a mi respecta, creo que la elección que he tomado ha sido la apropiada, y así lo demuestra el no poder ‘descolgarme’ de pincharlo una y otra vez.

El corte tradicional del country rock que emana de todos y cada uno de los temás del álbum engancha desde el primer medley,  Satan Is Real/Straight to Hell en el que el clásico de los Louvin Brothers sirve de apertura a un torbellino de guitarras, violines, dobros y steel guitars, que solo iguala en intensidad al de Dick in Dixie. Historias truculentas sobre mujeres, drogas y alcohol en My Drinkin’ Problem o sobre famosas estirpes de antisociales bailarines en D. Ray White (the dancing outlaw), o preciosas melodías que sirven para envestir por falta de autenticidad contra Kid Rock en Not Everybody Like Us; son el hilo narrativo por el que discurre el primer disco de los dos que componen el álbum.

El segundo álbum se abre con la fantástica Louisiana Stripes, en la que voz de ventrílocuo de Sheldon se acompaña exclusivamente de guitarra acústica (lo cual es la tónica general de éste segundo cd) y sigue con un  tema oculto compuesto por un coctel de sonidos de voces hiporevolucionadas, trenes en marcha o arroyos apacibles, entre los que se insertan temas del propio Hank III, con alguno de su abuelo como I Could Never Be Ashamed of You o de Wayne Hancock como Take My Pain.

No se cual será mi siguiente paso en el country actual, pero lo que si tengo claro es que Straight to Hell es uno de los álbumes contenedores de ese sonido que más me ha gustado en lo que llevamos de año, y que, por momentos, favorece que crezca mi interés en disfrutar del directo de Hank III, añadiéndose así a mi lista de alicientes de la sesión de cierre del Azkena Rock Festival.

 

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