A principios de la década de los 80,
Neil Young está sumido en un periodo de crisis personal y creativa. Sus prioridades se centran en la búsqueda de terapias alternativas que sirvan para paliar las secuelas que le produce la enfermedad a su hijo
Ben y estas le obligan a permanecer, junto a su esposa
Peggy y su hijo, en un centro terapéutico de rehabilitación durante más de un año. La consecuencia más directa que produce éste aislamiento es la perdida de referencias con el mundo de la creatividad musical. Los tratamientos terapéuticos son costosos y diezman sobremanera la economía del músico canadiense.
El álbum previo a todo este calvario,
Re-ac-tor, publicado por
Reprise Records está notablemente influenciado por dichas circunstancias y evidencia una ruptura con la linea musical clásica del artista, incluso para
David Briggs, su productor, que prefiere callarse conociendo la situación tan difícil en que se encuentra el autor.
La necesidad acuciante que tiene
Young de sanear su economía y el ofrecimiento de
David Geffen (un millón de dolares por tres álbumes), provocan la firma de un contrato discográfico con
Geffen Records, y encauza su labor en la producción de una serie de grabaciones muy alejadas de su perspectiva musical anterior, propiciadas por la actitud de
Geffen, que pretende un relanzamiento de la carrera musical del artista con sus propios cánones, en detrimento del sonido típico del artista y en favor de la tecnología musical de la década, los sintetizadores.
Ve la luz su primer álbum para
Geffen ‘Trans’, que no es bien aceptado ni por sus fans ni por la crítica, en la que los teclados sustituyen las texturas de guitarra y en los que el único sello distintivo es la propia voz del artista.
Un poco maltrecho por éste intento fallido, se embarca en la elaboración de un segundo álbum, también para
Geffen, en la que a modo de homenaje a sus admirados clásicos del blues y del rock and roll de los 50, hace acopio de un puñado de temas, entre los que se encuentran alguno de
Jimmy Reed o
Slim Harpo, además de alguno propio, y graba
Everybody’s Rocking; que vuelve a suponer un varapalo comercial y de crítica.
Geffen comienza a desesperarse ante la falta de éxito y la relegación en las listas de los nuevos temas.
Young está cansado del férreo control que Geffen pretende ejercer sobre todo lo que hace, así que en medio de las sesiones de
'Everybody’s Rocking', revisa sus orígenes para poder atisbar un poco de luz, y para ello retoma su vena más country, aquella que había quedado patente en anteriores producciones como
'Hawks & Doves', y utiliza, como núcleo de este guiño a su pasado musical, a un grupo de amigos y compañeros:
Tim Drummond,
Ben Keith y
Spooner Oldman. Junto a ellos dispone a otro grupo de músicos, que proceden de la escena country, como
Rufus Thibodeaux (violín),
Anthony Crawford (guitarra, banjo y voz),
Hargus Robbins (piano) y se embarca en la preparación de un nuevo álbum para
Geffen: '
Old Ways'.
Ésta vuelta a los orígenes, tras el lanzamiento del álbum, no produce

el respaldo de público y crítica esperado. El enconamiento de
Geffen aumenta, pero
Young está contento de retomar la vieja senda, pues con ella recupera algo que había perdido, y con un repertorio de canciones, compuesto por algunas de este álbum, junto a alguno de sus temas clásicos, se embarca en una serie de conciertos, cuyo objetivo es apoyar la lucha de los pequeños granjeros americanos contra la supremacía de la grandes explotaciones agrícola-ganaderas de la época.
Todo estos antecedentes nos ponen en situación, para poder hablar de la obra que
Neil Young acaba de sacar de sus inagotables
archivos:
'International Harvesters – A Treasure', que ahora tengo fresca entre mis manos, como un producto hortícola que acabase de recolectar (vaya paradoja).
Entre piezas inéditas, como
Amber Jean (dedicada a su hija recién nacida) y temas clásicos como
Are You Ready for the Country, o temás de la pre-epoca
Geffen como
Southern Pacific,
Young aglutina en su torno a los
International Harvesters, para poner una tesitura distinta a la de la época aciaga de la que proviene la grabación, utilizando la música country, tan ligada a su trayectoria musical y profesional, para desvanecer los malos tiempos en la mente colectiva y para dejarnos evidente, hoy día, que su camino siempre ha sido el mismo, el de la composición de bellas letras y melodías.
Los acordes de la fantástica
Flying on the Ground (Is Wrong) recuerdan los tiempos de
Buffalo Springfield,
Motor City es un rock and roll semieléctrico tenido de violín y pedal steel. En
Soul of a Woman el banjo y el violín nos sumergen en el bluegrass más arquetípico y en
Southern Pacific podemos escuchar como la guitarra de
Young hace guiños a los
Crazy Horse de
Re-Ac-Tor.
Sin duda, un fantástico
Tesoro que
Neil Young ha sacado del polvo de sus archivos, para deleite de sus más fervientes seguidores, en el que el artista se hace acompañar de una banda sin fisuras, formada por excelentes músicos de reconocido prestigio y, que, con gran satisfacción e ilusión, hace que esperemos con ansia, tanto la publicación de sus nuevos trabajos – como el reciente
Le Noise-, como la publicación de gemas del calibre del presente. Sin duda, un disco recomendable.
Libros de lectura sobre la vida y obra de
Young:
- Neil and Me de Scott Young, biografía escrita por su padre.
- Neil Young una estrella desconocida de Christian Aguilera, con quién no comparto algunas opiniones sobre el músico canadiense.