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abril 16, 2016

Pan y circo.

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Creía conocer, o al menos intuir, cuales eran los enemigos actuales del rock and roll, los demonios que le están dejando postrado y que están eclipsando a las musas para dejar al género prácticamente inerme… La actualidad manda, la electrónica se ha impuesto hasta en el negocio musical; las nuevas generaciones han elegido como banda sonora de sus vidas el house, el tecno, el hip hop… desplazando a los sonidos que en su tiempo fueron bandera de muchas generaciones de jóvenes que, -creo- como las actuales, perseguían el objetivo de convertir este mundo en un lugar mejor para vivir.

Ya casi me había acostumbrado a las motivaciones que se suelen esgrimir para poner justificación a la situación –musical- actual; falta de innovación, las lasas posibilidades de reinvención o refundación del género, blah blah blah…, pero hoy es como si me hubiesen puesto una banderilla, al conocer que el pan y circo también se impone y se postula como un potencial enemigo de la música, esta vez en directo, pues el gran evento Manchester City-Real Madrid modifica las fechas en las que la Steepwater Band pasa por la piel de toro. Se que me estoy metiendo en terrenos más pantanosos que los del Delta del Mississippi, pero el cabreo actúa como impermeable.

Me enfada vivir en un país en el que el espectáculo mediático y económico es capaz de desplazar a la cultura, hasta creo entender que haya quién utilice el bálsamo que el stablishment político sirve para acallar conciencias y suavizar pensamientos, cada uno es libre de divertirse o aliviarse con lo que quiera; pero creo que lo que nunca entenderé es que un show así pueda equipararse o superponerse a cualquier contenido en el que el arte esté presente, a algo que nace del pensamiento para tratar de enriquecer la vida de los demás.

Para evitar oír lo que tantas veces escuche: ‘…a mi me gusta el fútbol como a ti la música’, por favor, poned el vídeo a suficiente volumen.

Qué país… César, dales pan y fútbol…


enero 05, 2016

Diario de un conjunto.

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Hoy, elegí el título de la edición española del doble álbum que John Mayall publicó allá por el año 68, en el que se resumían las experiencias en directo de sus seminales Bluesbreakers; para abrir el año en esta bitácora, que últimamente tengo tan olvidada. No me faltan, para nada, las ganas de seguir posteando las sensaciones que me producen los discos y los directos de los que regularmente disfruto, pero estoy inmerso en un proyecto fascinante que cada día me tiene más atrapado.

Desde luego que contar impresiones sobre nuevos y viejos álbumes es muy gratificante, tanto como intentar profundizar en la historia del rock and roll con pinceladas biográficas sobre intérpretes o bandas; pero os aseguro, amigos, que aún lo es más disfrutar la música desde dentro, desgranando temas y composiciones para después intentar interpretarlos.

Ya me gustaría a mi - y a los demás que forman parte del mismo- que este proyecto, que poco a poco va tomando forma, tuviese algo que ver algún día con los iniciáticos Bluesbreakers de John Mayall aunque solo fuera tangencialmente; pero a día de hoy solo me quedo con el título del álbum en cuestión, pues el mismo en si contiene implícito el placer que supone formar parte de una banda, aunque ésta solo sea una experiencia amateur, sin otras pretensiones que disfrutar del gratificante placer de ‘tocar’.

Preparar temas, hacer versiones, arreglos… es un trabajo divertido pero lleva su tiempo, para ir poco a poco nutriendo de rock and roll el repertorio; que últimamente esta coloreado de tintes nacionales, lo que supone un doble reto para alguien como yo, musicalmente inmerso en el mundo del rock anglosajón.

Gracias a Rubén y Diego Rojo por su infinita paciencia y por enseñarme/nos a utilizar las herramientas necesarias para hacer real una experiencia como ésta, y a Diego, Manuel, Toño, Alvaro y Chema por el placer de compartirla. Gracias, también, a quienes os acercáis por estas humildes páginas; nos seguimos viendo aunque sea con menos asiduidad.

Buen 2016 para todos.

diciembre 05, 2015

A pie de patio de butacas...

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Puede que estemos viviendo tiempos aciagos para la música en general y para el rock and roll en particular, en los que por las nuevas generaciones de músicos se revisiten demasiado los viejos esquemas que tanto lustre dieron al género hace unas cuantas décadas, pero todo no iba a ser tan malo como las circunstancias parecen indicar. 

Desde luego que, a todos aquellos que llevamos cuarenta años devorando discos sin parar, no se nos hubiera pasado nunca por la cabeza treinta años atrás que antes de disfrutar de un concierto pudiésemos intercambiar unas palabras con Jimmy Page o Ritchie  Blackmore sobre el estado de nervios previo al bolo o sobre la frescura o la falta de espontaneidad del telonero que acaba de efectuar su descarga sobre el escenario. Hoy día ni siquiera nos genera especial emoción el intercambiar con los músicos un gesto de complicidad, mantener una charla para que los nervios aflojen o compartir un apretón de manos y unas palabras para hacerles saber cuanto hemos disfrutado.

Quizás la tan cacareada crisis esté sirviendo para que el rock and roll quede definitivamente desvestido de la pompa de la que gozó hace unos cuantos años y empuje a los artistas a bajar del olimpo para campar entre el respetable a pie de ‘patio de butacas’, y que lo excepcional –y esto va por ti, Javier Vielba- sea que los intérpretes solo dediquen sus ojos para mirar hacia su propio ombligo. Desde luego que lo general parece ser que ese escalón entre músico y espectador ha desaparecido, lo que nos está permitiendo llegar a conocer que no solo estamos ante fantásticos intérpretes sino, también, ante gente cojonuda que disfruta descarando su repertorio cada noche de viernes, sábado o domingo, tanto o más que los que lo estamos saboreando.

Habría que poner una vela a Santa Rita para que proteja de las vicisitudes a los promotores de conciertos y a los dueños de pequeñas salas, permitiendoles persistir en su labor para que podamos continuar disfrutando, además de el rock and roll, de esta simbiosis tan especial entre músico y espectador.  

Esto va por ti, Oscar… fantástico el trabajo que hacéis cada semana, para que los que amamos la música podamos mantener el privilegio de disfrutarla en su salsa… Nos vemos…

Aquí dejo un temazo de los zamorano/salmantinos Ninchi Surf Sistem, con los que disfrutamos este viernes desde el minuto uno…

mayo 26, 2015

Comiendo pan duro...

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Últimamente la desmotivación se pasea demasiado por la estancia dónde normalmente se conciben las reseñas, las opiniones, las valoraciones, las reflexiones que suelen aparecer en ‘historias de rock and roll’. La música es para mi, como lo será seguro para muchos de vosotros, un bálsamo milagroso con el que salir de la apatía y aunque, procuro seguir al día las novedades que van viendo la luz, en estos últimos tiempos tiro fundamentalmente de las referencias que llevan en mis estanterías durante mogollón de años.

No pude ni con lo último de My Morning Jacket, no me parece tan fascinante ni novedoso como leí en algunos medios, ni tampoco con lo de Steve Earle, para lo que no se me ocurren otros calificativos que cansino y recurrente; por citar un par, y me estoy dando cuenta de que parece que me estoy convirtiendo en ese tipo de persona que parece disfrutar con el pan del día anterior, mientras deja que la barra de hoy se ponga dura en espera de que el paso del tiempo le de solera.

Dicho a si, podría parecer que estoy comparando álbumes como Elephant de White Stripes o Din Of Ecstasy de Chris Whitley con un mendrugo de pan duro, y más cuando en el arte las fechas de caducidad no existen y menos en trabajos como estos, pues a día de hoy –más de quince años después de ver la luz, en el primer caso- su contenido sigue sonando tan fresco e innovador como el día que vieron la luz. Unas veces me arrepiento de haber estado fuera de servicio musicalmente hablando durante unos años, pues esto ha contribuido a que me perdiese grandes obras, pero otras me congratulo de haber permanecido ausente de la actualidad, pues esos trabajos que en su día me perdí, hoy están llenado el espacio diáfano que genera la actualidad musical.

Se que para descubrir algo a lo que merezca la pena engancharse, que te empuje a hablar de ello en voz alta; no hay otro método que el probar y desechar, una cuestión que sinceramente me repatea, pues me niego a ver al rock and roll como un producto más de consumo, a darle el mismo trato que las multinacionales del entretenimiento dan a los últimos trabajos de Mark Knofler y Eric Clapton.

Mientras tanto seguiré haciendo retrospectiva musical en espera de encontrar alicientes que impidan que el pan reciente de hoy endurezca.

diciembre 22, 2014

Navidad, Navidad...

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No me gustan nada las Navidades; no solo porque no comparta las estrategias consumistas a las que vienen ligadas o porque crea que, esa idea que suelen traer aparejada –ser bueno con los semejantes-, hay que intentar ponerla en practica cada día que uno se levanta; sino porque las fechas traen consigo recuerdos de malas experiencias y alguna pérdida dolorosa. Aún así respeto y envidio, sanamente, a la gente para la que estas fechas suponen algo importante, algo de lo que disfrutar y celebrar. 

Para mi es otra época más del año con la diferencia de que, teniendo como excusa que el año termina y empieza uno nuevo, es una buena época para hacer balance de lo que se ha vivido durante los doce meses que han pasado. 

Algún año de los pasados, hice listas de aquellos álbumes que más me habían hecho disfrutar durante el año, aunque posteriormente me di cuenta de que me dejé demasiadas cosas en el tintero o el orden que establecí posteriormente cambió con las escuchas. También, descubrí que la lista más importante es la de los amigos con los que, casi a diario, compartes impresiones o realizas nuevos descubrimientos para tu deleite, con los que a diario aprendes y compartes sensaciones. Lo más importante es tener gente, ahí en la red, con la que compartir un espacio, nutriéndome con sus aportes tanto a nivel humano como musical. 

Felices Fiestas para los que gustéis de disfrutar de las mismas y que descanséis aquellos para quienes las mismas sean sinónimo de asueto, y sobre todo, SALUD para todos que –aunque muchas veces suene como un tópico- es lo más importante que hay para que el próximo año a estas alturas cada uno sigamos haciendo nuestro balance particular. 

Voy a estar unos días ‘fuera de servicio’ por cuestiones familiares; pero pronto volveremos a vernos en vuestro espacio personal o en este mi espacio, Historias de Rock and Roll, que también es el vuestro. Un abrazo.

noviembre 10, 2014

Tras la pegada de bombo de Cosmo.

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Los lunes suelen ser un día difícil para casi todo el mundo. Aunque no debo quejarme demasiado, porque estoy entre los afortunados que tienen un trabajo, sufro mis pequeñas miserias al intentar enfrentar el inicio de mi particular y semanal paseo a través de la jungla. Se me suelen revolver las tripas cuando desde la radio las noticias salpican con una nueva corruptela pero también cuando personalmente –a más corta distancia- compruebo como esto de ‘pensar exclusivamente en uno mismo sin pensar en los demás’ no es algo exclusivo de la clase política.

Creo que de esto de pensar en el provecho propio es algo que está firmemente arraigado en nuestra cultura y que para que un día podamos ver la luz y vivir en una sociedad más justa para todos, muchos cambios han de ser operados tanto en la conciencia individual como en la colectiva. Creo que el proceso llevará tiempo y que habrá trabajar casi desde la cuna, desde la infancia, para intentar cambiar positivamente el sistema de valores en general y este aspecto en particular.

Siempre intento ser lo mas honesto posible conmigo mismo y sobre todo con los demás, intento inducir educativamente a quienes están bajo mi responsabilidad para procurar que en el futuro sientan la justicia como una necesidad, intentado así contribuir con mi pequeño grano de arena a que las cosas puedan cambiar, y me siento fatal cuando veo tanto en la corta como en la larga distancia como los demás hemos de pagar con la irresponsabilidad de algunas personas.

Este es un espacio dedicado a la música, al rock and roll, así que disculparme porque hoy lo utilice como diario personal para expresar en voz alta mi enfado con la injusticia con la que unos pocos suelen tratarnos a los demás.

Hay pocas cosas que me inmunicen contra los malos pensamientos, además del cariño de mis seres queridos, salvo escuchar un buen álbum, disfrutar de un buen concierto, escribir algo en esta bitácora sobre una cosa o sobre la otra, pero sobre todo intentar seguir disciplinadamente la pegada de bombo de Doug Clifford, cuando trato de meterme en el corset de Proud Mary o Have You Ever Seen The Rain.

Un abrazo para Manuel y Diego, compañeros insignes de inquietudes musicales, con quienes cada semana lleno de positividad la mochila, en esa experiencia garagera en la que nos colmamos el corazón intentando construir ritmos y melodías.

octubre 24, 2014

Surfeando sobre 'Folson Prison Blues'.

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Decía un prolífico compositor llamado Frank Zappa que ‘escribir sobre música es como bailar arquitectura’. Dejando a parte las connotaciones dadaístas e idiosincráticas contenidas en la frase, es justo reconocer que no le faltaba razón al hacer una afirmación de esa naturaleza; y lo dice alguien como yo que, sin tener pajolera idea de arquitectura, se metió hace tiempo en el pellejo de un bailador amateur para narrar las sensaciones que le procuran escuchar un disco o disfrutar de un concierto. 

El otro día jugando con la melodía y el ritmo de Folson Prison Blues fui plenamente consciente de lo difícil que es surfear por un tema como éste y conseguir llegar a la orilla, incluso contando con que han pasado más de cincuenta años de su aparición y la técnica ha evolucionado hasta el punto de poder suplir las limitaciones en la técnica de ejecución, facilitando la posibilidad de emular el twang tan particular de la guitarra de Luther Perkins.

Es en ese instante preciso cuando uno percibe claramente lo difícil que es interpretar música y lo difícil que debe ser crear una pieza musical de la nada, y lo fácil que es juzgar, bailando arquitectura, lo que está bien o está mal, escribiendo sobre música. No es extraño que Zappa, o cualquier otro músico, eche humo por las orejas y con frases como esta muestre manifiestamente su cabreo con la incomprensión del crítico o con las palabras apáticas poco acertadas del periodista.

En nada me puedo comparar con el crítico o el periodista, mi intención cuando escribo sobre música tiene más que ver con mis propias emociones que con lo que objetivamente pueda pudiera opinar sobre un álbum o tema concretos; pero creo que es un buen momento, como pudiera serlo cualquier otro, para hacer un poco de autocrítica y pedir disculpas por los agravios que –sin malicia- pudiese haber causado, olvidando todo lo que más arriba reconozco, cuando conté sensaciones o dispensé atributos.

A estas alturas de mi vida, nunca llegaré a ser ni el cero coma uno por ciento de lo magnifico que fue Johnny Cash, con sus aciertos y sus errores, pero lo que si se es que mi vida no sería la misma sin canciones como esta:


Feliz fin de semana.

septiembre 26, 2014

Exiliando malos rollos...

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Que a cada disco le corresponde un instante anímico determinado es una cuestión que escapa de cualquier controversia; a cada hora del día el cuerpo, la mente, el alma sugieren una cosa determinada. El voraz degustador de rock and roll tiene clara cual es la fórmula especial que contiene un álbum clásico y aunque antes de volver a catarla ésta sugiera una determinada sensación, de vez en cuando hace saltar un resorte en el alma distinto al que en momentos anteriores pudo saltar.

Hoy me levante con el sabor de los viernes en los labios y aunque con el inicio del mejor día de la semana mi mente me indicó que empezaba ese lapsus semanal en el que el cuerpo desconecta un poquito de la rutina diaria, instintivamente me dirigí a la estantería dónde reposan mis álbumes, para musicalmente vencer el tedio del rutinario trabajo burocrático, intentando echar una cucharada de azúcar al corazón.

Todavía no se lo que me empujó a coger el Exile On Main St. entre los dedos, pero nada más empezar a sonar las primeras notas en la disquetera se desvanecieron en la cabeza los malos rollos, esos que te atacan cuando la conciencia despierta al comenzar una nueva jornada, recodándote que eso no es lo que hubieses elegido hacer para siempre en tu vida. Desde luego que mi mente hoy estaba sincronizada en alguna forma con el ‘alma oculta’ de este álbum, quizás fue la sensación de despertar a un día del que se espera deleite la que me conecto con esos momentos en los que para los Stones todo comenzaba de nuevo; esos momentos en los que componían temas, sin la presencia corpórea de Brian Jones, para compilarlos en los Olimpic Studios de Londrés y parir una de las más preciadas piezas de arte rockero.

Se ha mitigado la fatiga, los efluvios de la música disiparon el tedio y los malos rollos desparacieron. No tan solo es culpa de ser consciente de estar viviendo el viernes, ese día que tanto suele prometer y muchas veces suele cumplir, también lo es la forma en que me han acariciado las melodías contenidas en Sweet Virginia, el susurro de los riffs miméticos de Keith en Rocks Off o Tumbling Dice, la esencia de John Lee contenida en Shake Your Hips  o la sensualidad de Sweet Black Angel. Incluso las armonías de Shine a Light han contribuido al deleite, aunque siempre prefiera disfrutar de Exile sintiendo como roza el vinilo con la aguja.

Consciente de lo afortunado que soy por poder decir que sufro de la rutina del trabajo diario, también lo soy de que pese a ser ‘viejo’ mi corazón es joven y capaz de disfrutar una y cien veces más, de manera distinta Exile On Main St.

Feliz fin de semana.

septiembre 15, 2014

Orgullo rockero!!!

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Que las cosas siguen siendo en el rock and roll lo que fueron, ¡ni de coña!... Soy consciente de que he sido un insconsciente  -desredundando- por no dar el justo valor que merecían las cosas que han ido ocurriendo en el mundillo musical desde que la industria comenzó a manifestar sus primeros estertores y que he ido viviendo… Han sido muchos los años que han transcurrido desde que la ferrita era el material más usado, para contener y transmitir al respetable notas y compases, hasta que el bit hizo su aparición como unidad mínima de compresión.

Mientras tanto, sin apercibirme demasiado he vivido épocas más o menos resplandecientes para el rock and roll, entre las cuales me urgen en la memoria el auge del revival del rock de Bill Halley & The Comets representado por el boom del rockabilly en el ultimo cuarto de los setenta o la fusión del concepto punk de ‘no hay futuro’ con la falta de expectativas musicales de las bandas de rock de los ochenta cristalizado en el grunge; pero pese a ello he de reconocer de que estoy contento, aún habiendo estado por largo tiempo alejado de lo que ocurría con la actualidad musical, de seguir disfrutando con la misma intensidad de la música.

Lo de la música es algo que llevo escrito a sangre y fuego –supongo que como la mayoría de los viejos rockeros- en el mapa genético, de lo que, por tanto, no me puedo desprender y aunque en el pasado haya desconectado –como digo- para centrarme en aventuras musicales de un pretérito no demasiado lejano –fundamentalmente en los experimentos vanguardistas de Frank Zappa y los Mothers of Invention- al despertar he vuelto al mismo punto dónde estaba, contento de que la amnesia de actualidad no me haya convertido en un degustador devoto de los conciertos homenaje, aquellos en los que suelen aparecen implicados Eric Clapton o Phil Collins con o sin Sting.

En el genoma creo –y esto como se puede suponer es un apropiación puramente subjetiva- que debo de llevar también un partícula que me ayuda a discernir lo que es rock and roll y lo que son puramente maniobras de índole industrial –entre las que nos podemos encontrar las descritas anteriormente, por ejemplo- y aunque el status quo musical actual es el que es, creo que la misma partícula de ADN me empuja a seguir la misma dirección, pese a que siempre haya alguien que se empeñe en poner el Requiescat in pace a un fenómeno de más de sesenta años de antigüedad y nos coloque a los degustadores de rock and roll como especie en peligro de extición.

Mientras tanto creo que continuaré –en público o privado- disfrutando disco a disco y concierto a concierto, teniendo siempre como referencia al pasado pero con la ilusión depositada en el presente y en el futuro, para degustar tanto los viejos manjares como el resto de lo que acontezca hoy y mañana en el rock and roll, con el espíritu vehemente de los dieciséis años, pero sobre todo… con el orgullo de sentirme rockero.

agosto 06, 2014

¿En un lugar bucólico?

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Cada uno nos quejamos de los nuestro… del mal tiempo, del calor excesivo veraniego, de la sobre saturación playera, de trabajar con un calor insoportable, de no tener vacaciones o de tenerlas que pasar en casa, de tener que dormir con ‘uniforme’ de invierno…

Lo que es a mi, me gustaría pillar un sitio paradisiaco como éste,  y entre cerveza y cerveza, tumbado en la hamaca sentir la suave brisa del mar en la piel. Aunque no soy para nada amante de las vacaciones pasivas, a quien no le gusta ocasionalmente ver como pasan las horas lentamente, impertérrito sin otra actividad que el relajo del propio cuerpo, sintiéndose libre de agobios, presiones, estreses y otros males habituales…

Aunque la estampa con la que he de conformarme no es ni por asomo tan bucólica o paradisiaca como la de la foto; la odisea para refrescar hasta la retina, con imágenes distintas a las de la estepa castellana, es importante… kilómetros aburridos de carretera, de autopista, de calor a duras penas sofocado con el aire acondicionado… Al menos cuento con el consuelo de deleitarme, hasta el momento de contemplar el océano en su basta magnitud, con los licks de guitarra y la voz de…

junio 18, 2014

Por fin... vacaciones!!!

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Llega el momento del descanso; del retiro; de perder, aunque solo sea por unos pocos días, la actividad rutinaria diaria y olvidarse de relojes y de las horas, minutos y segundos que marcan. Llega el momento de tomar un respiro, de relajarse de verdad (o al menos intentarlo) y de tomar un poco de aire que ayude a renovarse por dentro y por fuera.

Aunque no van a ser unas vacaciones largas, ni viajeras, sino más bien cortas y económicas, aprovecharemos el tiempo para saborear los pequeños placeres de la vida (la familia, la amistad, pasear por el campo…), entre los cuales siempre esta presente la música. Con un poquito de suerte haré una pequeña escapada para disfrutar del ambiente de alguno de los festivales que se celebran por estas fechas. Aprovecharé también para preparar a fondo una jam session que tengo, junto a algunos compañeros de inquietudes musicales, que está programada desde hace un par de meses para fechas inminentes; en la que, aprovechando la distancia con los autores y utilizando a familia y amigos de conejillo de índias,  destrozaremos algunos temas.

Aprovecharemos también las fiestas patronales, en las que casi estamos metidos de lleno, más que nada para salir y disfrutar de la compañía de la gente cercana, utilizando las horas nocturnas para peregrinar de barra en barra y de terraza en terraza, intentando paliar las inclemencias del verano.

Hasta la vuelta. Un abrazo.



junio 15, 2014

Drogas, sin sexo ni rock and roll.

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Hoy por hoy creo que el famoso trinomio, que Ian Dury y sus Blockheads inmortalizaron en el estribillo de un tema lleno de swing, no se mantiene en pie. Aun así creo también, que desde el principio e intencionalmente fue usado más como un gag que como un propósito vital; para plasmar literalmente el sentimiento de rebeldía que se hallaba implícito, desde su génesis, en el rock and roll.

Casi todos tenemos fijados en el recuerdo las historias personales de aquellos que hicieron de su vida la susodicha frase, pues transcurridos ampliamente nuestros años de adolescencia, de rebeldía, de contacto con el rock and roll; hemos sido testigos de que los excesos nos han dejado huérfanos de lo que nos podían haber deparado las vidas de Danny Whitten, Tommy Bolin, Alan Wilson, Bob Hite… junto a las de un casi interminable etcétera.

Como adultos y testigos hemos intentado transmitir a las nuevas generaciones lo vivido, para darles ejemplo y para que pudiesen aprender de nuestros propios errores; pero hoy por hoy, también, es evidente de que no debemos haberlo hecho del todo bien. La crisis que vivimos, no la económica sino la de valores, golpea por doquier y la vieja idea de ‘no hay futuro’ preconizada por el movimiento punk desde mediados de los setenta, se está enquistando en un sector de la población adolescente, pero utilizada de manera equivocada, quizás intentando justificar su propia inactividad, su falta de iniciativa.

Viéndoles de cerca, en el contexto actual, asusta y deja a los vástagos de Malcolm Maclaren, con todos sus excesos, en unos corderitos. Y es que tanto el sexo como el rock and roll se han caído definitivamente del trinomio, que ha quedado transformado únicamente en drogas, drogas y drogas…

El rock and roll va desapareciendo del mapa sonoro de las nuevas generaciones y aunque afortunadamente todavía vemos un pequeño nicho de resistencia entre el público más joven; están tomando alarmantemente el relevo los falsos estereotipos del rap, del hip hop, que están relegando a la rebeldía con iniciativa del rock, sustituyéndola por un nonsense cuyo último objetivo es hacerse daño a sí mismos y a quienes le rodean, mediatizados por el consumo de drogas.

Quizás todo lo dicho sea criticable, pueda analizarse como un tanto idiosincrásico, fruto de los pensamientos puramente subjetivos expresados por un abuelito que vive en su casita de porcelana; pero mi única pretensión con estas líneas es poner énfasis en la preocupación que siento ante la pérdida de valores y, en su ausencia, por el daño que siguen causando las drogas.

Nunca me gustó el paralelismo trazado entre rock and roll y consumo de drogas; no creo que éstas sean un factor que intervenga positivamente en la creación o en la estimulación de cualquier otra cualidad humana. Creo que en esto el tiempo ya me dio la razón.

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