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octubre 17, 2013

Freak Power vs. Flower Power.

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Cambiando de registro, lo cual es bueno de vez en cuando, esta semana pasada he estado revisitando el St. Peppers Lonely Hearts Club Band de los Beatles, impulsado un poco por los anuncios promocionales de un diario de tirada nacional, para compilar otra vez más –por si quedaba todavía algún despistado- la colección remasterizada de los de Liverpool (antología que no encierra ninguna novedad distinta a la remasterización que todos conocemos realizada en 2009 para seguir ordeñando la ‘vaca de oro’); que dicho de paso incluye, aunque no sea una de mis favoritas de entre las demás de la banda, una bonita colección de canciones entre las que se encuentran, como bien sabéis, With a Little Help From My Friends o A Day In The Life. 

Cada vez que recupero este disco, no se cual es el resorte que me lleva a recuperar su antagonista musical, We’re Only In It For The Money, de los Mothers of Invention. Bueno, creo que si se cual es el resorte y me apetece contarlo.

Los parecidos visuales son evidentes (más bien buscados por el segundo) como bien conoceréis o podréis apreciar en los montajes que he colocado en la entrada, pero cada uno de los álbumes por si mismo tiene su atractivo particular, pese a la diferencia de conceptos. Aunque los problemas legales entre ediciones fueron menores en su momento, pese al echo de encontrarnos ante una pseudo réplica cargada de ironía del amigo Carl Schenkel (catalizador gráfico del concepto musical de Frank Zappa dónde los haya), ya que la solución consistió en algo tan simple como colocar la cubierta de Only Money en el interior del álbum; las ampollas levantadas hubieron de ser bastante dolorosas para los de Liverpool, al verse reflejados en sus respectivos alter egos vestidos de ‘madre’ casposa americana.

Con nada importante que yo pueda objetar a cualquiera de los dos trabajos y con los elogios que ya he vertido sobre el primero, teniendo en cuenta su estatus respectivo de clásicos del rock and roll, para mi, como antes dije, el uno es complemento necesario del otro, pues Only Money es la píldora que necesito para sacarme de la embriaguez en la que parece sumergirme el halo divino del que está revertido el Sargento Pimienta, esa pureza espiritual vestida de colores que presagia la llegada del Verano de las Flores.
 
Aunque algún interludio entre temas del álbum de los Beatles sea parodiado sarcásticamente (en concreto los espacios entre los primeros temas y el final de A Day In The Life) por los Mothers siguiendo un cierto grado de literalidad, el concepto de Only Money es mucho más amplio, es más que un sátira histriónica, es una bofetada de realidad del amigo Zappa para intentar despertarnos del sueño lisérgico al que pueda habernos inducido el Sargento Pimienta. Derribando mitos, Only Money, desnuda la naturaleza del incipiente (en ese momento) estallido flower power, para despojar de florituras ante el ojo humano su verdadera naturaleza, evidenciando la irrealidad e insostenibilidad de los pilares del amor fraterno que sustentaron el fenómeno hippie.

De sobra soy consciente de que Frank Zappa, tanto con los Mothers of Invention como sin ellos, no es un músico al que habitualmente recurra el aficionado musical, ni que el We’re Only In It for The Money sea una obra fácilmente accesible, musicalmente hablando, pero es un pedazo de realidad que, creo, complementa perfectamente la ilusoriedad del St. Peppers Lonely Hearts Club Band. 

Aunque para buen juicio individual, ante el festival de palabras anterior, la mejor opción siempre es escuchar y decidir.

Are you hung up? ¿Idealismo y flower power? ¿Dadaismo y realidad? Que cada cual se quede con la cuestión que más le guste.


diciembre 26, 2011

The White Album.

7 comentarios
No se puede decir que los Beatles susciten en mi admiración a raudales, aunque ello no impide que les reconozca como una de las bandas responsables, junto a otros hitos de la cultura popular, como Elvis, de la puesta de largo del rock and roll. Quizás sea por el repelus que siempre me ha producido la 'mercadotecnica',  siendo los de Liverpool uno de sus productos más recurrentes. Me vienen a la memoria aquellos recopilatorios 'mareantes',  de todos sus éxitos que circulan por el universo con montones de nombres distintos, con el único objetivo de calar en las masas para hacer dinero fácil.

Hasta la fecha, después de treinta y tantos años de escuchar música, el único álbum 'auténtico' que habría escuchado es su primer 'The Beatles', pero el otro día ojeando cosas en una 'gran superficie' vi la nueva edición de 'The White Album' y, quizás, los remordimientos se apoderaron de mi y me decidí, eso sí por un exiguo precio, a hacerme con él, y bingo: se hizo la magia.
Nada que ver con refritos de éxitos y cosas parecidas, los Beatles en estado puro y yo diría que en su mejor época, aunque sea un poco aventurado decirlo, pues opiniones habrá para todos los gustos. 30 canciones, muchas de las cuales no había escuchado.

El disco uno abre con 'Back in the U.S.S.R' exhalando rock and roll por todos los poros al más clásico estilo americano, pero no son ni 'Ob-La-Di, Ob-la-da' ni 'Dear Providence' los que me ponen los pelos de punta, sino el fantástico tema de mi querido George Harrison que figura en séptima posición 'While my Guitar Gently Weeps'. Siempre he pensado que Harrison desempeñaba en la banda un papel secundario que no le correspondía, como demostró su eclosión creativa tras la ruptura del corset Beatle, con álbumes de fantástico cuño como 'All Things Must Pass'. Al tema en cuestión no le falta nada, incluso cuenta con la aportación guitarrística de su amigo 'Slowhand'. 'Blackbird' es una tema entrañablemente delicioso pese a su simpleza, que solo es superada por el sentimiento que Lennon pone cantando a su madre 'Julia'.
El disco dos quizás sea más dinámico que el primero, desde 'Birthday' pasando por 'Yer Blues' hasta llegar a 'Everybody's Got Something to Hide Except Me and My Monkey', que hace un guiño a sus coetáneos y 'mediáticos ribales' The Rolling Stones. El desquiciado 'Helter Skelter' quizás sea el corte más potente, aunque de esta segunda pieza, el que hace mis delicias es sin duda 'Revolutión I' que abre con un riff bluesero genial.

En fin un doble que no había catado, pero que me ha dejado bueníssssimo sabor de boca. Buena pieza para regalar los oídos en estas fiestas y, también, para regalar al 'cuñao' que te marea tanto la cabeza cuando te subes en su coche y te pincha lo último de Michael Bolton; aunque seguro este álbum da más juego en las manos de un rockero un poco curtido.

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