mayo 10, 2012

Volunteers.

Escuchar a primera hora de la mañana We Can Be Together, es como tomar una vitamina que hace recobrar fuerzas y optimismo, después de oir las noticias nacionales matinales y, a la vez, dibuja un sentimiento que empuja a añorar aquellos movimientos juveniles de los que el rock and roll era abanderado, a finales de los 60, y hace desvanecer, ipso facto, los influjos de individualismo que pululan en la sociedad actual. Al menos es lo que yo siento cada vez que escucho ‘Volunteers’, el álbum que particularmente más aprecio de los publicados por Jefferson Airplane.

Grabado a primeros de 1969 en los recién estrenados estudios RCA de San Francisco, denota un cambio en la línea argumental en las composiciones de la banda, dando paso el amor y el uso de sustancias psicotrópicas, que hasta el momento habían sido el valor común en los textos, al posicionamiento político, al activísimo y al compromiso social de lucha de una generación de jóvenes americanos que se revelan contra una realidad social y política envenenada por el acontecer de la guerra de Vietnam.

Las facilidades que la localización de los estudios de grabación proporcionan a la banda, auspician la colaboración con otros músicos de la escena de San Francisco en el proceso musical y compositivo. Así como incorporaciones más sustanciales a la formación clásica de la banda, están las de Jerry Garcia, quien deja su sello personal a la pedal steel en The Farm; la de Nicky Hopkins, tan apreciado y solicitado como colaborador por otras tantas bandas a ambos lados del Atlántico, como los Stones o los Kinks, al piano, y la de Stephen Stills y David Crosby, que no se limita a la aportación instrumental o vocal y que cristaliza en el himno, co-escrito por Crosby, Stills y Kantner Wooden Ships, y que en versión similar puede ser escuchada en el álbum de debut de Crosby, Stills y Nash.



We Can Be Together y Volunteers comparten progresión de acordes (que, según las notas del álbum, proceden de otra progresión contenida en un antiguo bluegrass que Crosby enseñó a Kantner), e idéntico sentido ideológico y revolucionario; Good Shepherd, ejerce de melodía pastoral con tintes folk, Turn My Life Down ejerce de melodía soul evocadora, verbigracia del esplendido trabajo vocal de Jorma KauKuonen, y Wooden Ships, composición que se encuentra entre las típicas del tandem Crosby/Stills, sueva evocadora y adornada de un esplendoroso solo mélodico, lleno de fuzz, de la guitarra de Jorma Kaukonen.

Diez píldoras (quince si tienes, como yo, entre tus manos la reedición de 2004) que elevan el ánimo y la esperanza a puntos álgidos y que ejercen de complemento vitamínico perfecto para romper con la negatividad y el desasosiego que traen consigo estos tiempos que vivimos.

1 comentarios :

luther blues dijo...

Siempre me dio la impresion ,que esta banda cayo en el momento (los sesenta) y en la ciudad indicada (San Fransisco). Su disco mas contestatario post Woodstock con esa maravillosa "Good Shepherd"
Un abrazo y buena semana

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