septiembre 05, 2011

Bola de espejo, Young y Pearl Jam.

Una de las cosas que más admiro de Neil Young es su versatilidad y como utilizando cada vez un registro distinto consigue que cada álbum que lanza suene a Neil Young, tanto si lo hace en solitario, con guitarra y harmónica, como si lo hace con Crazy Horse o cualquier formación ideada para la ocasión e, incluso, grabando con otras bandas ya consagradas.

Viendo el último proyecto en el que se ha embargado Lou Reed, recordé y he recuperado del olvido temporal, esté álbum, que Neil Young grabó a mediados de los 90 con Pearl Jam, el cual me parece un buen ejemplo de los buenos resultados de combinar un solista y una banda, con direcciones musicales distintas, pero complementarias.

Como casi todos sabemos o hemos oído, a Neil Young se le considera padrino del grunge, quizás porqué las progresiones que éste utiliza en sus discos ‘eléctricos’ se acomoden a modo, a las progresiones que se utilizan en el grunge; aunque la concepción de las letras sea totalmente distinta y su significación sea más comprometida con el amor, la naturaleza y el ser humano, en el primer caso y con un enfoque más punk, en el segundo. Quizás sea la razón por la cual de este ‘experimento’ haya salido un disco redondo.

Los problemas legales no fueron pocos a la hora de poner en funcionamiento el proyecto, ya que la compañía de los Jam se oponía a que la banda publicase para el sello Reactor utilizando su identidad, razón por la cual no podemos leer en su cubierta Neil Young & Pearl Jam, pero, pese a ello, se siente perfectamente la identidad musical de ambos.

Este intento de fundir o conjuntar dos generaciones de músicos totalmente distintas, también se refleja en el espíritu de las letras, en las que Young compara su experiencia vital y su evolución en el tiempo, con las expectativas y actitudes ante la vida de la generación de la época, la generación perdida (o generación X como tanto se ha gustado llamarla), que ha visto como el paso del tiempo ha creado una sensación de ‘sin futuro’, que entronca perfectamente con la concepción punk, de la que, en cierta forma, está revestida el grunge.

Para mi los temas centrales del disco son Downtown y Peace and Love, en el que Young comparte estrofas con Eddie Vedder, y en los que describe la importancia que tiene la música para sentirse joven y vivo, en la primera, y como la visión de paz y amor que había en la generación de Young se ha diluido, igual que la figura de aquellos que la representaban (con explícita alusión a la figura de Lennon), en la segunda; aunque todas ellas forman un conjunto perfecto y demuestran la sincronía que existe entre la concepción musical de dos generaciones de músicos totalmente distintos.

Un gran disco que demuestra que el paso del tiempo no hace mella en Neil Young y como, camaleónicamente, puede ponerse en cualquier situación para que su música siga siendo una crónica de los tiempos.

2 comentarios :

manel dijo...

Es un disco que me encanta. Y lo has descrito perfectamente con tus palabras. La unión de dos generaciones separadas por los años pero no por la música. «Downtown» es un temazo espectacular. Saludos.

Aurelio Pérez dijo...

En general me gustan casi todos los álbumes de Neil Young, con excepción de la época Geffen (salvo Old Ways) y este es uno de mi preferidos.

Gracias por leer y opinar.

Saludos.

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