agosto 25, 2014

All My Friends. Celebrating the Songs & Voice of Gregg Allman (2014).

Nunca me han gustado demasiado los discos de tributo, casi siempre y junto al lado lúdico suelen tener un lado triste y amargo; también porque suelen aportarme poco a lo oído de manos del propio homenajeado, salvo que en algún caso concreto me hayan servido para descubrir a una nueva promesa o algún clásico que en su momento pasé por alto; presupuestos que no se dan para nada en el álbum que me dispongo a diseccionar y pese a que a sabiendas de que al degustar All My Friends. Celebraing the Songs & Voice of Greg Allman estoy ante un trabajo de ese tipo –en el que por cierto y como sabéis se celebra la feliz recuperación de Gregg Allman tras su trasplante-, cualquier ocasión es buena para escuchar los temas de Gregg, con o sin los Allman Brothers.

Aunque las expectativas de encontrarme alguna sorpresa a nivel musical son prácticamente nulas, tras disfrutar de las tres hora de show, el nivel de satisfacción –por lo que me toca- es el augurado, fundamentalmente porque percibo que estoy ante un trabajo que ha sido planificado hasta el mínimo detalle para deleite del oyente potencial, pero también y sobre todo para que nada desluciese el hecho celebrado. Desde el sitio elegido, el Fox Theatre de Atlanta –mítico ofertorio del rock sureño, cuyo nombre me hace rememorar clásicos cocinados dentro de esas cuatro paredes como One More For The Road-, pasando por el alto nivel de los músicos elegidos para formar parte de la banda principal –Don Was, bajo; Jack Pearson, guitarra; Jimmy Hall, voz y armónica; Chuck Leavell, teclados; Audley Freed, guitarra…- hasta llegar a la amplísima selección de concelebrantes: Jackson Browne, John Hiatt, Widespread Panic, Taj Majal, Sam Moore, Susan Tedeschi, Zach Brown… y los Allman Brothers al completo, incluyendo al propio homenajeado.

Me han resultado especialmente sabrosos los momentos con Susan Tedeschi y Derek Trucks en un Standback lleno de soul, en los que la mujercita de Derek da cuenta de sus grandes cualidades como solista; el emotivo reencuentro entre el inspirador de un sonido, Taj Majal, y el precursor de un subgénero de rock en Stateboro Blues; la fantástica interpretación al alimón entre Jackson Browne y Gregg de ese fragmento musical lleno de meláncolia titulado Melissa o la ejecución precisa de Warren Haynes en la mítica Come and Go Blues, dejando constancia del feeling inconmensurable del que está dotado el guitarrista de Carolina del Norte.

Seguro que, por lo comentado, han quedado claras mis preferencias a nivel de staff; pero a la vista de las múltiples versiones de este álbum y aunque los cds sean siempre una buena elección, recomiendo sobre todo los audiovisuales para mayor satisfacción, pues creo que dan cuenta de una manera más completa de la envergadura del evento.

Ojalá se pudiese abrir una ventana en el tiempo para poder saborear en directo aquellos días de marzo de 1971, en el Fillmore East, en los que se gestó una leyenda que, en cierto modo, en este álbum también se celebra; aunque tenemos que estar satisfechos, escuchando este trabajo,  de celebrar la recuperación de un músico que seguramente en un futuro próximo nos continuará deparando gratificantes sorpresas.

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