julio 15, 2011

Lo que han cambiado los tiempos...

Siempre me vienen a la cabeza los recuerdos de aquellos años, finales de los 70 principios de los 80, en los que para escuchar cualquier disco de cualquier músico del que habías leído algo en Popular 1 (cuyos números todavía conservo), tenías que recurrir a métodos con los que hoy me sorprendo al viajar mentalmente hacia el pasado.

Podría decirse que en aquellos años sentamos, algunos amigos y yo, las bases de lo que hoy se considera ‘piratear’. Lo hacíamos utilizando el soporte musical por excelencia de la época: el cassette. Copiábamos todo lo que pillábamos y nos interesaba, los discos del primo del hermano de un colega, las canciones que por equivoco se escapaban en la radio-formula o las que pedíamos telefonicamente en los programas de dedicatoria de la radio local, con la excusa de ser el cumpleaños de un primo o de la novia; con aquellos reproductores-grabadores mono, que nos parecían fantásticos en aquel tiempo.

También me recuerdo, pidiendo cassettes copiados (ojo avizor) por correo postal a un tío de Bilbao que ‘ripeaba’ su propia discografía (ese si que pudo ser el primer pirata que pueda recordar, más que nosotros mismos) para sacarse unas pelas y poder seguir así aumentando (supongo) la cantidad de discos en sus estantes. Quién podía comprar un LP en la tienda de discos local al precio que se gastaban por aquel entonces los originales.

Y es que, para nosotros, gente de provincias, era difícil acceder a la música y ni que decir tiene ver un concierto, en cuyo caso nos teníamos que conformar con las verbenas de barrio, esperando que la orquesta tocase algún tema de Deep Purple (Smoke on the water), y el máximo éxtasis se producía cuando conseguiamos ver a la Orquesta Mondragón o a Ramoncín en las fiestas locales (también recuerdo haber visto en aquellos años a Asfalto, Topo…), aunque el importe de la entrada, dinero que no teníamos, lo suplíamos metiéndonos detrás de un seto cinco horas antes de que empezase la fiesta, esperando pasar inadvertidos a los vigilantes, para poder ver el concierto por la ‘patilla’.


Una de las colecciones que nos puso en línea.

Con la ‘tontería’ de haber pasado más de treinta años, las cosas han cambiado hasta límites insospechados (lo mismo pensarán nuestros padres cuando escuchan hablar de un invento llamado Internet, cuando vivieron su juventud en los tiempos en los que todavía no existía casi ni la radio). Y las cosas han cambiado notablemente, no porque nosotros hayamos crecido y mejorado nuestra posición económica en todos estos años, sino porque la tecnología ha avanzado a tal velocidad (qué pensarán los de 90 años) que la información está ahí, sin salir de casa y sin gastar una ‘perra’.

Tanto una cosa como la otra tienen sus ventajas e inconvenientes, como en cualquier aspecto que podamos analizar en la vida. El hecho de que la información fuera escasa y la posibilidad de acceder a ella fuese difícil, nos hacía espabilar para buscar aquello que tanto anhelábamos, y cuando conseguiamos escuchar aquella cassette grabada con el Undead de los Ten Years After nos salía la emoción por los poros de la piel. No teníamos información y la poca que nos llegaba la asimilábamos mejor que los ríos de España, y entre esto y el ‘pirateo’ rudimentario conseguimos forjarnos una cultura musical, que ha pasado a ser una parte importante de nosotros mismos.

Los soportes musicales han cambiado al mismo tiempo que el acceso a la información y el conocimiento, han desaparecido las cassettes, los vinilos dejaron su paso al compac disc, aunque con el tiempo se ha producido una vuelta a este soporte, con el que además de la música que contiene, disfrutamos de las cubiertas a gran tamaño, las contraportadas y los encartes, y aunque la radio-fórmula ha pervivido como soporte de la industria discográfica más comercial, el mp3 ha hecho estragos en el mundo de la producción musical, ha desatado la lucha por los derechos de autor hasta límites insospechados y ha forjado un tipo de industria muy distinta a la que conocimos en nuestros comienzos.

Pese a ello, se nos han abierto nuevos horizontes musicales, hemos y seguimos conociendo, gracias a la técnica, la obra de los clásicos y de los nuevos autores, y se ha conseguido que , pese a las adversidades presentes, podamos seguir disfrutando de la música al cien por cien.

Quiero dedicar este post a mis amigos, a aquellos con los que hice la revolución musical, con los que intercambiaba cassettes o vinilos, y a vosotros, con los que hoy intercambio información, sentimientos y sensaciones a cerca de un mundo del que todos, con los autores, formamos parte: el mundo del rock and roll.

Os dejo una joya, que canta al nacimiento de un ser querido, tan querido como para nosotros lo es la música que lo soporta.






2 comentarios :

manel dijo...

Muy interesante comentario. El avance de la teconología lo cambia todo. Excepto una cosa. La pasión. Y eso nos hace diferentes a muchos qeu consumen música, literatura o arte como mero pasatiempo. Por eso estaremos siempre ahi. Con el rock & roll, en el formato que sea. Saludos.

Aurelio Pérez dijo...

Lo mejor de todo, aunque el tiempo avance y la tecnología también, es que, a pesar de que algunos piensen que la creatividad y la innovación dentro del mundo del rock and roll se haya quedado enquistada en el pasado; surgen nuevas bandas de gran calidad que, con su propio cuño, siguen haciendo crecer el catálogo de sonidos en el mundo de la música.

Gracias por participar.
Un saludo.

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