septiembre 26, 2014

Exiliando malos rollos...

Que a cada disco le corresponde un instante anímico determinado es una cuestión que escapa de cualquier controversia; a cada hora del día el cuerpo, la mente, el alma sugieren una cosa determinada. El voraz degustador de rock and roll tiene clara cual es la fórmula especial que contiene un álbum clásico y aunque antes de volver a catarla ésta sugiera una determinada sensación, de vez en cuando hace saltar un resorte en el alma distinto al que en momentos anteriores pudo saltar.

Hoy me levante con el sabor de los viernes en los labios y aunque con el inicio del mejor día de la semana mi mente me indicó que empezaba ese lapsus semanal en el que el cuerpo desconecta un poquito de la rutina diaria, instintivamente me dirigí a la estantería dónde reposan mis álbumes, para musicalmente vencer el tedio del rutinario trabajo burocrático, intentando echar una cucharada de azúcar al corazón.

Todavía no se lo que me empujó a coger el Exile On Main St. entre los dedos, pero nada más empezar a sonar las primeras notas en la disquetera se desvanecieron en la cabeza los malos rollos, esos que te atacan cuando la conciencia despierta al comenzar una nueva jornada, recodándote que eso no es lo que hubieses elegido hacer para siempre en tu vida. Desde luego que mi mente hoy estaba sincronizada en alguna forma con el ‘alma oculta’ de este álbum, quizás fue la sensación de despertar a un día del que se espera deleite la que me conecto con esos momentos en los que para los Stones todo comenzaba de nuevo; esos momentos en los que componían temas, sin la presencia corpórea de Brian Jones, para compilarlos en los Olimpic Studios de Londrés y parir una de las más preciadas piezas de arte rockero.

Se ha mitigado la fatiga, los efluvios de la música disiparon el tedio y los malos rollos desparacieron. No tan solo es culpa de ser consciente de estar viviendo el viernes, ese día que tanto suele prometer y muchas veces suele cumplir, también lo es la forma en que me han acariciado las melodías contenidas en Sweet Virginia, el susurro de los riffs miméticos de Keith en Rocks Off o Tumbling Dice, la esencia de John Lee contenida en Shake Your Hips  o la sensualidad de Sweet Black Angel. Incluso las armonías de Shine a Light han contribuido al deleite, aunque siempre prefiera disfrutar de Exile sintiendo como roza el vinilo con la aguja.

Consciente de lo afortunado que soy por poder decir que sufro de la rutina del trabajo diario, también lo soy de que pese a ser ‘viejo’ mi corazón es joven y capaz de disfrutar una y cien veces más, de manera distinta Exile On Main St.

Feliz fin de semana.

3 comentarios :

Javier de Gregorio dijo...

Maravilloso album, no cabe duda, y disfrutable cualquier día de la semana, en cualquier momento. Ya forma parte del ADN colectivo de todos los buenos aficionados. Excelente entrada.
Saludos,
JdG

Gonzalo Ramos dijo...

Es que ese disco es una auténtica fiesta de música genial, no hay mejor antidepresivo que un disco tan maravilloso como ese.

Saludos.

Aurelio dijo...

Un disco especial dónde los haya... Tiene esa esencia que te hace subir pero a la vez tiene un regusto melancólico.

Gracias por leer y opinar, amigos...

Un abrazo.

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